“LOS DEMÁS DÍAS” (Carlos Agulló)

Los-demas-diasEs fácil que este documental pase desapercibido. Ha sido estrenado casi de tapadillo, sin apenas publicidad, y para colmo, trata un tema tabú: la muerte. “Los demás días” aborda el trabajo de una unidad de cuidados paliativos liderada por el médico Pablo Iglesias y recorre la vida de varios de sus pacientes, personas a los que “sólo” se les puede ayudar a morir. Y ese “sólo” es irónico, porque pocas cosas puede haber más importantes que prepararnos para un irremediable final. A los que consideran que el tema es demasiado triste o deprimente, les adelanto un spoliler: todos vamos a morir. Y precisamente que no seamos capaces de integrar la muerte como un paso más de cualquiera de nuestras vidas es un asunto que planea por todo el documental. Hemos creado una sociedad absurda que vende imágenes de felicidad contínua y mensajes “mr wonderfulescos” acerca de la enfermedad que no sirven de nada. Lo que sí lo hace es la ayuda que proporciona el médico Pablo Iglesias y su equipo: atención, cariño no condescendiente, honestidad, mirar a la cara de las personas y escucharlas. Sobre todo eso, escucharlas: saber qué sienten o qué necesitan transmitir o vivir antes de irse. Es un documental emocionante, pero repleto de cariño y respeto pudoroso, contada con extraordinaria sensibilidad por Carlos Agulló. Ojalá este documental alcance la repercusión que merece.94255_los-demas-dias

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Boston, 1.974

boston busing crisisAunque la lucha por los derechos civiles de los ciudadanos negros en Estados Unidos suele centrarse en figuras emblemáticas como Martin Luther King y en lo sucedido en los paletos y racistas estados del Sur, pocos recuerdan lo sucedido en la más (aparentemente al menos) culta y evolucionada Massachussetess. En 1.974 se decidió acabar de una vez con la segregación racial que seguía sucediendo de facto en los autobuses y aplicar la ley federal que obligaba a los niños de diferentes razas a compartir el transporte escolar. Las protestas fueron masivas en todo el Estado, especialmente en la muy blanca Boston. Primero fueron pacíficas, copiando el modelo del movimiento por los derechos civiles (incluyendo una patética marcha sobre Washington). Algunos manifestantes llegaron a exhibir banderas de su país con dos estrellas menos, aludiendo a una supuesta secesión del estado de Massachussettss para desvincularse de un país que los había “traicionado”. Al ver que la ley se iba a aplicar de todos modos, las protestas comenzaron a ser violentas. Miles de bostonianos se hicieron a las calles, gritando a los autobuses, a los niños negros dentro de ellos, y extendiendo su odio a todos los agentes de policía que velaban por el cumplimiento de la ley (blancos irlandeses en su mayoría, traidores a su causa para los manifestantes). Los jueces fueron amenazados y sufrieron agresiones e intento de asesinato. Hubo heridos y muertos, una situación de caos que amenazaba con hacerse eterna. Las dificultades duraron no menos de una década. Cuesta imaginar que hoy en día haya algún bostoniano que no recuerde su pasado con vergüenza.African American  Integration Anti-School MA Busing  Demonstrati

LA CULPA DEL SUPERVIVIENTE

1489165125545.jpgMe vuelve loco “Zodiac” de David Fincher. Viéndola otra vez reparo en el personaje que sobrevive al segundo ataque del asesino. Recapitulemos: una pareja joven de tortolitos pasa el día junto a un embalse. Han desplegado la toalla, se dan besitos y hablan de su futuro cuando ven acercarse a un tipo vestido de negro y con la cara cubierta. Ella se alarma al instante. Él, quién sabe si por tranquilizarla a ella o porque es un ingenuo, responde con calma. ¿Es un atraco? Vale, no pasa nada. Cuando el tipo armado le obliga a atar a su chica y luego hace lo mismo con él, el hombre sigue manteniendo la calma. “Tranquila, es sólo un robo, no va a pasar nada…” Cuando ambos están atados, el atacante saca un cuchillo y lo clava repetidas veces sobre la indefensa chica y su novio.

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Posteriormente nos enteraremos de que la chica murió por las heridas, pero él sobrevivió. No volvemos a saber nada de el chico hasta mucho más tarde, cuando la policía tiene un sospechoso de los crímenes y llaman al único superviviente para que lo identifique. Ahí le vemos reaparecer, envejecido, demacrado y cojeando llamativamente pese a la ayuda de un bastón. Apenas habla (lo justo para no identificar la voz del agresor), y aunque apenas es una imagen, puedes intuirlo todo: los años de terapia física y psicológica, las secuelas de todo tipo que pueden ser leídas en su rostro y su cuerpo. Nunca volverá a ser la misma persona. Pese a haber sobrevivido, muchas cosas de él murieron en ese ataque.

Me acordé de lo que contaba Primo Levi acerca de la culpa de los supervivientes de Auschwitz. Los pocos que lo habían logrado lo solían hacer con graves secuelas , una de las cuales era un profundo sentimiento de culpa. La constatación de que los que habían sobrevivido no eran los mejores, sino tal vez los peores entre ellos: los que se las apañaron para adaptarse mejor al infierno, robar un trozo de pan escamoteado a un compañero, o hacerse amigo de un kappo que les garantizó un trabajo menos inhumano. Es más que probable que ese sentimiento de repulsa ante uno mismo sea irracional. ¿Quién puede juzgar lo que hace un ser humano para sobrevivir en esas condiciones, incluso si perjudica a otro? Pero quizás se trata algo más, inherente a la naturaleza humana: algunos psicólogos creen que somos incapaces de sentir una verdadera alegría o felicidad si la suerte sólo nos sonríe a nosotros. Si nuestra felicidad no puede ser compartida, no lo es en absoluto.

Así que vuelvo a ese personaje de “Zodiac” saliendo de la Comisaría, camino de su nueva vida. Cuesta creer que vaya a ser razonablemente feliz, pese a seguir vivo. Primo Levi, por cierto, acabó suicidándose muchos años después, cuando parecía que ya había dejado atrás lo peor.

“STRANGE FRUIT”

linchamientos-eeuuPocas canciones tan estremecedoras como “Strange fruit”. Concebida originalmente como un poema de protesta acerca de los linchamientos públicos de hombres negros en los estados del Sur a principios del siglo pasado, se hizo inmortal en la versión cantada por Billie Hollyday. Desde entonces ha conocido muchas interpretaciones, incluida una extraordinaria de Nina Simone. La letra habla de la “extraña fruta” que exhibían algunos árboles de estados sureños, con “sangre en las ramas y en las raíces”. Aún hoy es fácil descubrir en Internet imágenes crudas de multitudes de ciudadanos blancos alrededor de árboles donde se quemaba o colgaba a ciudadanos negros sin ningún motivo.

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Ejecuciones convertidas en espectáculos públicos, casi festivos, como atestiguan los rostros sonrientes de muchos de los espectadores. No es imposible imaginar a alguien viendo las fotos y reconociendo entre el público a un pariente cercano. Tal vez su madre, o su abuelo o una tía. Gente respetable, cariñosa tal vez. Esa abuela que te preparaba un pastel cuando ibas a visitarla. O ese padre que te enseñó a montar en bicicleta, y que te animaba a seguir intentándolo con la misma sonrisa con la que veía cómo ahorcaban a otro ser humano delante de sus narices.

LA MEJOR JUVENTUD (2.003, Marco Tullio Giordana)

la_meglio_gioventu_the_best_of_youth_tv-548551488-largeEstrenada en salas y luego en una versión ampliada en la RAI, “La mejor juventud” puede ser vista como una película de seis horas, o como una mini serie que parece cine. Su argumento es sencillo y ambicioso a la vez: contar la vida de dos hermanos, Nicola y Matteo, desde que terminan la universidad y se preparan para ingresar en la vida adulta, hasta qué ha sido de ellos treinta años después. Su vida y la de todos los que les rodean, y con ellos, un fresco de la historia de Italia en todo ese tiempo, con crisis financieras, corrupción, Mafia y campeonatos del mundo incluidos. Los personajes se hacen adultos, se enamoran, envejecen, ven morir a sus padres, tienen hijos ellos mismos, y se ven enfrentados a circunstancias extraordinarias y a otras más pequeñas pero no por ello menos importantes. Viven, en definitiva. Y este proceso, este paso de tiempo y de cómo cambia a los hermanos y a la gente a su alrededor, no podría estar mejor contado. No hay nada que chirríe en las elipsis, ni siquiera las tan difíciles caracterizaciones de los actores. Todo parece fluir de forma natural, y al mismo tiempo, está llena de momentos memorables.

La mejor juventud” no esquiva la dureza, pero nunca deja de emocionar. Y como “Boyhood”, más que una película se convierte en una experiencia, para contar cómo hasta las pequeñas decisiones que parecen menores en la vida tienen eco y resuenan en el resto de la vida, como un efecto mariposa de consecuencias imprevisibles. Todo está plantado allí, en el comienzo de la película, en ese viaje de los hermanos intentando rescatar a una joven desequilibrada, y tiene su colofón en unas secuencias finales que cierran el círculo vital de todos ellos. Una película extraordinaria.

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EL PUENTE DE LOS SUICIDIOS

bridge 2Desde el día de su construcción, el puente Golden Gate de San Francisco se ha convertido en uno de los lugares donde más suicidios tienen lugar. Cuando el cineasta Eric Steel supo que al menos 34 personas se mataban allí cada año, contrató a varios cámaras para que pasasen el día grabando el puente desde tierra, y lo que vio le dejó atónito: con una periodicidad casi matemática, había gente que se suicidaba delante de sus cámaras.

“The bridge” es un intento de indagar en las vidas de esas personas. Hay todo tipo de circunstancias, desde depresivos o enfermos mentales, a gente que simplemente deja de querer vivir en un momento determinado. La pregunta que subyace en todo el documental es: ¿por qué en el Golden Gate? ¿Qué atrae a la gente a quitarse la vida allí precisamente? Y esta pregunta está sazonada de imágenes terribles y deslumbrantes. Las cámaras de Steel se dedicaron durante cerca de un año a grabar a personas reales tirándose desde el puente. Literalmente. Sin trampa ni cartón, ves a aparentes turistas vagabundear por el puente, asomándose al agua, hablando por teléfono, para de pronto subirse a la barandilla y lanzarse al vacío. Una de las cosas más impactantes del documental es descubrir que nada distingue en apariencia a los suicidas del resto de cientos de visitantes que acuden al puente a hacerse fotos. Sólo lo descubres con la caída. Y hay algo siniestramente estético en ver esas muertes. Te sientes un vouyer morboso pero hechizado por una forma de morir que es terrible pero bella al mismo tiempo, con esos cuerpos cayendo durante segundos eternos hasta impactar en el agua.

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“DOS AMIGAS”, ELENA FERRANTE Y LA VIOLENCIA ASUMIDA

napolesAcabo de leer la primera parte de la tetralogía de Elena Ferrante que está arrasando en medio Europa. Escrito por una mujer cuya verdadera identidad nadie conoce a ciencia cierta, “La amiga estupenda”, la primera parte de la saga, cuenta la sencilla historia de la infancia y adolescencia de dos amigas que crecen en un barrio humilde napolitano de finales de los años 50 y principios de los 60. Más allá de la calidad o el interés que tiene la novela en sí, lo que me llama la atención del libro es cómo relata la forma de vivir y pensar en la Nápoles de aquella época (no tan distinta, imagino, a la España de su época). Códigos estrictos para hombres y mujeres, reglas que ahora nos parecen brutales, pero que son contadas con perfecta naturalidad. Así, se cuenta sin estridencias la presencia constante de padres o madres que insultan y pegan a sus hijos. Es habitual ver niños con moratones producto de una paliza de su padre la noche anterior. Se producen peleas entre adolescentes del barrio que tienen como trofeo una chica a la que nadie pide su opinión. La protagonista sabe que no puede subir en el coche de un hombre porque eso significaría que su hermano tendría que matar al otro. Si alguien miente sobre ti, tu novio debe enfrentarse al mentiroso a navajazos si es preciso. Y si no lo hace, no sólo no te quiere, sino que no te merece como pareja.

Lo que más llama la atención del libro es que no juzga, ni critica, ni siquiera echa una mirada retrospectiva asombrada sobre cómo eran las cosas. Simplemente, lo cuenta. Y lo que es más curioso, la calidez de las personas y sus afectos van separados de las brutalidades que cometen o soportan. Así, la protagonista puede querer sin fisuras a su padre pese a que este le pegue sin miramientos en ocasiones, o puede admitir sin rubor estar enamorada justo del hombre que peor la trata. Ese ausencia de juicio crítico, de aceptación pasiva, resulta mucho más aterrador que cualquier acto de violencia.

“PICNIC EN HANGING ROCK” (P. Weir, 1.975)

picnic-hanging-rockHay películas que desafían todas las reglas, que parecen diseñadas para contravenir todas las teorías. Y ninguna parece conseguirlo más que la segunda película de Peter Weir. El argumento es muy sencillo: una mañana de San Valentín del año 1.900, un grupo de alumnas de un internado privado hacen una excursión a la montaña de Hanging Rock. Tres de ellas nunca regresan.

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No sólo el argumento es apenas un detonante. En el resto de la película no acaba de pasar mucho más. De hecho, el misterio nunca se resuelve. Jamás se cuenta claramente qué ha pasado con las tres chicas. En una película abierta a todo tipo de explicaciones, es incuestionable que Weir aborda el periplo de las chicas del internado como un viaje a una cierta liberación física, casi sexual. Alumnas de un rígido internado victoriano, las chicas parecen sufrir un shock al hacer el viaje a la Australia profunda, primigenia y salvaje, a la montaña laberíntica que parece atraerlas como un imán pese al peligro que supone. Y Weir cuenta magníficamente este proceso de hechizamiento, con las chicas ascendiendo por la montaña como si una fuerza invisible les ordenase seguir hasta el fin. Engullidas para siempre por la montaña, el resto de los personajes deambulan incapaces de seguir con sus vidas sin antes lograr resolver el misterio. Ese proceso de angustia casi obsesiva se contagia al espectador. Milagrosamente, la no resolución de la trama no convierte a la película en una decepción. Ves una y otra vez “Hanging rock” a lo largo de los años, intentando encontrar algo, una pista, una señal que te hubiese pasado desapercibido una anterior vez. Como los personajes supervivientes, la montaña sigue llamándote, con todo su misterio intacto y eterno.

“HEY JUDE” Y LA NOCHE EN HARROLD

paul1969Una noche de 1.968, cuando los Beatles eran Dios, Paul Mc Cartney volvía con un amigo hacia Londres cuando decidió parar en un pueblo llamado Harrold, simplemente porque le gustaba el nombre. Era una localidad pequeña, con un pub vecinal que estaba cerrado pero no tardó en ser abierto ante la llegada del beatle. Esa noche todo el pueblo bebió pintas de cerveza con Mc Cartney mientras este cantaba por primera vez en público una canción que acababa de componer: “Hey Jude”.

Cuando meses después la canción arrasase por medio mundo ellos jurarían a oyentes incrédulos: “Yo estaba allí la noche en que Mc Cartney cantó por primera vez esa canción”. Incluso es posible aventurar que la coda final de la canción, esos “Na-na-na” inmortales hubiesen surgido esa noche en Harrold, mientras Mc Cartney aporreaba el piano del pub y los vecinos improvisaban para hacerle los coros. En una época sin Internet ni móviles, es fácil imaginar el recuerdo borroso y mítico, casi de ensueño, que tendría para la mayoría de los lugareños esa noche inolvidable.

Es una de las historias que cuenta Bob Stanley en “Yeah, yeah, yeah”, un maravilloso recorrido por la música pop. “¿Qué es lo que define el pop de calidad? Tensión, antagonismo, progreso y miedo al progreso. Me encanta el tira y afloja entre la industria y el underground, entre el artificio y la autenticidad, entre los osados y los conservadores, entre el rock y el pop, entre lo bobo y lo inteligente, entre los chicos y las chicas. Y buena parte de la gracia de todo es tomar partido”. Cambia “música pop” por “vida” y suscribo las palabras de Stanley.

 

“SIN PERDÓN” “LA PRINCESA PROMETIDA” Y VENGANZAS LEONESAS.

inigo-jpg_162630“Soy Íñigo de Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”. Si no reconoces estas palabras, no has tenido infancia (o eres muy joven, que también es posible). Todos hemos crecido adorando a este personaje de “La princesa prometida”, un tipo que básicamente se pasaba media vida esperando a vengarse. Ya más adultos, el final de “Sin perdón” nos dejó patidifusos con ese brutal final en el que un justiciero Clint Eastwood entraba en un saloon escopeta en mano para matar a todo lo que se movía. Cuando Gene Hackman le acusaba de haber matado a sangre fría a un hombre desarmado, su réplica era: “Debió haberse armado cuando decidió decorar su local con el cadáver de mi amigo”.

La idea de venganza es consustancial al ser humano porque refleja nuestra manera de sentir hasta hace no tanto tiempo. Estaba legitimada, era correcto o al menos defendible liarse a tiros para vengar a un amigo, o esperar media vida para asesinar al hombre que mató a tu padre. Sin embargo, hoy en día la evolución moral en nuestra sociedad nos hace ver esos comportamientos como aberrantes, vestigios de un pasado felizmente superado. Nadie se venga. Nadie espera media vida para matar a alguien que dañó a sus seres queridos. Por eso resulta tan desconcertante el asesinato de la diputada leonesa del PP Isabel Carrasco.

carrasco-tiroteo--644x362Repasemos los hechos: Isabel Carrasco es la todopoderosa política que supuestamente hizo la vida imposible a Triana, una joven funcionaria. La madre de Triana no paró hasta asesinar a la mujer que ella defendía había hecho destrozado a su hija. Lo más desconcertante de todo es que después de meses en la cárcel, cuando tuvo que declarar si se arrepentía de su crimen, la madre contestó con serenidad y absoluta sinceridad. “No, lo volvería a hacer mil veces”. No estoy defendiendo su postura, por supuesto, pero sin duda esta mujer no está loca ni parece presa de una enajenación temporal. Parece haber venido de otra época y otro tiempo, como el pistolero de “Sin perdón”, o el espadachín de “La princesa prometida”, ese espacio mental donde la venganza aún es legítima y uno queda en paz consigo mismo cuando la ejerce. Y nos produce fascinación porque aunque no defendemos lo que hizo, algo en nosotros nos recuerda que alguna vez fuimos así, no hace tanto tiempo. Capaces de matar a quien dañó a nuestra hija, o de esperar media vida al hombre que asesinó a nuestro padre.

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